FAQ

Entramos en diciembre del 2001.

No solamente. La comunidad de vida de Can Masdeu es solo uno de los 4 proyectos que dan vida al valle actualmente. Los otros son la asamblea de Huertos Comunitarios, el Punto de Interacción de Collserola (PIC) y el proyecto de Educación Agroecológica.

Ahora mismo somos 25 personas y 6 niños, mas invitados. Con este número estamos ya al límite, básicamente por una cuestión de espacio físico. En los Huertos Comunitario hay unas 100 personas y la capacidad de crecimiento también es limitada, en este caso por disponibilidad de agua. Nuestra agua viene de los aquíferos de la zona y en verano es escasa. En los huertos suele haber lista de espera.

En cuanto a las actividades sociales, cada jueves se suman unos 15 voluntarios al huerto de la comunidad, y cada domingo suben mas de 100 personas a realizar actividades en el PIC. Al cabo del año son miles de personas las que han pasado por el centro social a realizar un taller, un encuentro o una comida. Otra presencia constante és la de paseantes, ciclistas familias o jubilados que se pasean por la finca, ya que las zonas exteriores están abiertas las 24h.

La propiedad la detenta el Hospital de Sant Pau i la Santa Creu, una institución concertada cuyo patrimonio controla una fundación (MIA) compuesta por el obispado, el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat de Cataluña. Para saber como hemos podido resistir y a que nos hemos enfrentado puedes consultar http://www.canmasdeu.net/la-vall/la-nostra-historia/

Sant Llatzer es un hospital abandonado que nunca ejerció como tal, propiedad del mismo dueño que todo el resto del valle, el Hospital de Sant Pau. Construido en los años 30, sirvió para alojar a los últimos enfermos de lepra cuando Can Masdeu dejo de ser una leproseria. Mas tarde hubo niños, en lo que podríamos llamar un “reformatorio”. Pero la mayor parte del tiempo ha estado abandonado y ahora se utiliza de almacén. En 2016 cumplió medio siglo de abandono.

Hay comunidades de todo tipo, con distintos grados de vida en común. En nuestro caso no aspiramos a cubrir todas as inquietudes y necesidades de cada un@ dentro de la comunidad. Dejamos espacios para que cada un@ pueda desarrollar otros proyectos más personales y, de hecho, nunca nos hemos planteado cubrir el 100% de las necesidades de cada uno. No es algo que vivamos como perdida o limitación -y además hay muchos vasos comunicantes- pero si debemos cuidar de que no se nos desequilibre. Si todo pasa por la comunidad, el resultado sería un reto organizativo que se nos haría grande y probablemente habría asfixia relacional. Si todo pasa por el individuo, el resultado será el mas corriente en nuestra sociedad: vidas individualizadas, con mas huella ecológica, mas aisladas, mas precarizables. Vamos reformulando nuestro propio modelo sobre la marcha.

7- ¿Cuál es la clave de la convivencia en una comunidad donde se comparten tantos espacios y recursos?

Consumimos regularmente convivex, un medicamento que hacemos a partir de una planta que crece en el valle 😉 No, en realidad la base de la convivencia es la buena comunicación, una buena organización, sentido del humor y flexibilidad. Y sobretodo, es crucial dotarse de espacios internos de encuentro y reflexión, así como de buenas metodologias de facilitación asamblearia. Por ejemplo, varias veces al año hacemos monográficos emocionales y jornadas “Va por nosotras”. En esos espacios tomamos decisiones estratégicas, hacemos dinámicas de resolución de conflictos y mejoramos la cohesión grupal.

Por otro lado, también existe la “comunidad” de los Huertos Comunitarios, una mezcla de ancianos, señoras, familias y jovenzuelos. No viven en la casa, pero pasan buena parte de su tiempo en los huertos. Para cohesionar ese espacio se han propiciado muchos espacios de encuentro, especialmente asambleas, jornadas de trabajo y comilonas. Hemos constatado que es muy importante que las normas sean las mismas para todo el mundo y provengan de un consenso real, pues es un espacio muy heterogéneo, lo que al mismo tiempo constituye su mayor riqueza.

En el valle no somos todos de la misma quinta, ni mucho menos, tenemos edades de 0 a 90 años. En la comunidad la mayoria estamos entre los 30 y los 50, pero hay gente mayor también. Si viene otra persona, mayor que la media actual, no sería determinante su edad, sinó su encaje en el proyecto. Tenemos adultos, abuelos y niños, tal vez lo que no está faltando son adultos jovenes, de entre 25 y 35 años, pero no es fácil resolver la limitación de espacio físico.

Cada uno vive sus afectos y su sexualidad a su manera. Hay quien vive en pareja y quien está soltero y sin grandes compromisos. Hay incluso quien coquetea con el poliamor y tiene mas de una pareja. Pero en general, lo que pasa dentro de la comunidad no es muy distinto de lo que pasa en la sociedad. No tenemos una visión ideológizada de este tema, sino que dejamos que discurra con la misma actitud de auto-escucha, diálogo y experimentación que intentamos vivir en todos los aspectos de la vida. En cuanto a su intimidad, cada uno tiene su propia habitación.

Para muchas cosas los niñ@s son niñ@s… aquí y en cualquier lado. Pero es cierto que los niñ@s forman su personalidad sobretodo empapándose de los que ven en su entorno, y su entorno aquí en algunos aspectos es distinto. Intentamos que se nutran de ejemplos de cooperación y diálogo entre los adultos, que coman sano y ecológico, que respeten nuestros límites así como nosotras respetamos sus necesidades, tratando de ponernos de acuerdo sin abusar de nuestra posición de adultos… ni al revés. Si todo esto les va a marcar, pues esperamos que sea en positivo, en el sentido de haberles transmitido herramientas para vivir su libertad des de la responsabilidad.

11- ¿La gente que tiene un trabajo remunerado aporta lo mismo a la comunidad que los que solo trabajan en casa y no tienen trabajo?

A grosso modo hemos aportado todas en franjas similares, tanto a nivel de dinero como de trabajo. Pero ahora estamos experimentando el intercanvio de dinero por tiempo, con gente que trabaja menos en el proyecto pero pone mas dinero. Intentamos que tanto la aportación de trabajo (15 horas semanales) como la de dinero (70 euros mensuales) sean equitativas. De todos modos, todo el mundo trabaja en algo fuera de la comunidad, algunos de manera mas regular y otros de manera mas temporal. Y tampoco pretendemos la igualdad total. Tal vez alguien aportó menos durante un tiempo, por estudios, viajes, hijos u otros planes personales, pero en otro momento aportará mas. Tampoco todo el mundo tiene las mismas capacidades, prioridades o necesidades. También hay y ha habido momento mas intensos, en los que trabajamos de sol a sol, y otros mas relajados. Por último, apuntar que hay otras maneras de aportar aparte del trabajo y el dinero. El aprendizaje de habilidades, los proyectos personales, los compromisos activistas, el buen rollo, los contactos, las amistades comunes, los favores o los intercambios también son maneras de aportar al común.

No todo es de todos, pero creemos en la propiedad de uso más que en la propiedad privada y tratamos de aplicarnos el cuento. Tenemos muchos recursos en común (vehículos, herramientas, teléfono, cocinas, despensas, lavadora, mobiliario, talleres, materiales, ordenadores, libros, etc…) y otros recursos que son personales y privados.

Abundan los experimentos. Algunos han cuajado y forman parte de nuestra vida cotidiana, otros tendrán que pulirse mas. Todos están inspirados por las ganas de desarrollar utensilios y procesos fáciles de reparar, de bajo consumo energético, baratos y con componentes reciclados. Hemos hecho de todo: des de la mítica bicilavadora, que en realidad estuvo sus últimos años sin uso, como una pieza de museo, hasta los calentadores solares, que usamos cada día. Paseando por la finca encontramos casas bioconstruidas hechas con paja, barro y madera, tractores de gallinas, un banco de semillas, cocinas solares, un horno de leña, letrinas secas, un taller de bicis, secadores de hierbas, un intrincado sistema de canalización de agua subterránea, varios compostadores, paneles de abejas, carritos de bici caseros, y un largo etcétera…

De todos modos, tal vez la tecnología punta que realmente nos impulsa no sea tan tangible, y sea en realidad el propio funcionamiento comunitario. Es decir, la colectivización de los recursos nos permite optimizarlos y obtener mas rendimiento por menos esfuerzo.

Cultivamos el 80% de la verdura que consumimos, autogestionando una parte de nuestro abono, plantel y semilla. Elaboramos nuestro pan, miel y aceite y cosechamos parte de la fruta que consumimos. Procesamos preparados medicinales, aceitunas y otros alimentos artesanales, así como cerveza y huevos. Calentamos el agua y el aire con nuestras estufas de leña recogida en el bosque y nuestros calentadores solares. Muchos utensilios, instalaciones y cachivaches son de fabricación casera, hechos a partir de materiales reciclados. Construimos y reparamos nuestras bicicletas. Gestionamos el ciclo del agua, que viene de los aquíferos del valle y se canaliza con antiguos sistemas de riego que hemos ido recuperando. Hemos rehabilitado nosotras mismas buena parte de la masia y la finca… Pero también compramos, claro. Por poner un ejemplo, la comida seca la compramos básicamente en una cooperativa de alimentos ecológicos. En cuanto a los grupos de los huertos comunitarios, sin duda se llevan a casa no solo conocimientos y buenos ratos, sino también varias bolsas repletas de verduras cada semana. También obtenemos cada año mas fruta de los frutales diseminados por todas partes. Y en especial, Can Masdeu está produciendo formación e inspiración; en los días abiertos y en cada actividad, y especialmente en los talleres del PIC o en las rutas semanales.

No lo somos ni queremos serlo, ni en la comunidad ni en los otros proyectos del valle. Nuestra apuesta es por la autonomía y la autogestión ¿Y que significan estas palabras? Pues que nuestra tendencia es a tomar nuestras propias decisiones buscando no vernos demasiado atrapados en las dinàmicas socio-económicas que rechazamos. Pero eso no implica que nos lo tengamos que producir todo. Buscamos mayor autonomía, si, pero también mediante un mayor intercambio dentro del marco de una economía solidaria. No pretendemos aislarnos del mundo ni salir del sistema. Lo que queremos es transformarlo, des de nuestra forma de vivir en coherència con nuestra forma de luchar, y concientes de que la nuestra no es mas que una entre muchas maneras.

Nuestro huerto es un crisol de ideas de todos las tendencias de la agricultura ecológica. Las rotaciones, las asociaciones, los abonos verdes, el compost, la fanga, los setos de frutales y medicinales, los acolchados o el riego por goteo son algunas de las técnicas empleadas.

Hemos sido básicamente autodidactas, pero también algunas personas tenían experiencia de otros proyectos anteriores. Constantemente hacemos formación para mejorar nuestro funcionamiento. Básicamente con la práctica del día a día se aprende muchísimo, también los libros, los consejos de amigos e internet ayudan significativamente. Creemos apasionadamente en la fertilidad de la inteligencia colectiva.

Nos enfrentamos a estos dilemas constantemente y no pretendemos la pureza. Nuestra motosierra es de una multinacional alemana. Sin embargo, cuando hay la opción de promover una economía solidaria y sostenible o de eludir las practicas depredadoras pues nos ponemos a ello.

Eso lo hacemos comprando en cooperativas de producción ecológica o abriendo nuestras tienda gratis de ropa. También reciclando, reutilitzando y reparando, ya que hemos creado muchos almacenes y talleres para ello (25 en total!). O bien colectivizando las compras fuera de los supermercados, lo que nos permite comprar a granel, con menos envoltorios, menos huella de carbono y menos intermediarios.

Hay muchas cosas, a distintas escalas, que se pueden hacer des de ahora mismo para cambiar nuestras prácticas de vida y consumo, nuestra economía del día a día.

Si, de varias, algunas formales y otras informales, surgidas al calor del movimiento 15M o anteriores. Formamos parte de la red difusa de productores, elaboradores y activistas del ámbito agroecológico, sobretodo a nivel catalán, pero con vínculos en toda la península. Y tenemos relaciones informales con otros centros sociales okupados en la ciudad de Barcelona. Por otro lado, participamos en los espacios de coordinación de nuestros distrito, Nou Barris, así como de nuestra montaña, Collserola, en redes como Ruralitzem la Solana.

Si vives cerca de Barcelona te puedes pasar un domingo en que haya actividad en el centro social. A las 12h hacemos una ruta por el proyecto, que tal vez te inspire. También puedes consultar la web de Can Masdeu para saber que talleres se van a dar. Aparte de charlas y proyecciones a menudo hay también talleres del tipo haztelo-tu-mismo, con el que adquirir habilidades que te ponen en el camino de una mayor autonomía. También puedes consultar los materiales de nuestro espacio de asesoramiento, al que llamamos la Oficina Rurbana. Allí encontrarás libros, revistas, directorios, contactos, semillas, convocatorias…

Tenemos un límite físico. Lo que hacemos es orientarles hacia la búsqueda de recursos que les puedan ser útiles, como okupación de espacios, pisos de alquiler social o cooperativas de vivienda. Tenemos listados de gente que vive en el campo y que necesitan gente, o conocemos redes que dinamizan la creación de grupos para iniciar nuevos proyectos. De hecho ya ha pasado varias veces, y también esta es una manera de ampliar nuestra red.

Ya somos una opción política! Otra cosa es la via electoral, que es sólo una parte de la política. Nuestras ideas pueden influir de muchas maneras, o eso esperamos. Y muchos de nosotros participamos activamente en redes y asociaciones que trabajan por el cambio social. En el valle creemos sobretodo en la práctica diaria, en lo que eso pueda inspirar y en las redes que pueda retroalimentar. Y en abonar las semillas para que tengan un crecimiento nodal, democrático e integral. Eso pide tiempo, cintura y esperanza, pero creemos que finalmente los resultados son sólidos.

Los poderosos están defendiendo unas inercias estructurales insostenibles, pues estamos metidos en un tren desbocado de crecimiento ilimitado en un planeta limitado, lo cual no tiene ningún sentido y finalmente está empezando a ser evidente para todo el mundo. Por esto cada vez tenemos mas claro que los idealistas no somos nosotros, como se suele pensar, sinó los que crean que podemos seguir igual y aquellos que, por sus propios intereses, nos empujan a pensar así.

No es sólo que sea aconsejable cambiar… sino que probablemente no nos queda ningún otro remedio. Hay mil datos que lo indican, tomemos por ejemplo este, poco conocido y muy revelador: des de el s.XIX el precio de las materias primas ha descendido, de media, un 1,2% anual. Sin embargo, des de 2002 no paran de crecer, y todo indica que ya nunca volverá a bajar. Estamos al final de un ciclo tremendamente acelerado de la historia humanana, para lo bueno y para lo malo, de acceso a materias primas que eran cada vez mas baratas, y como esto se acabó es conveniente que nos preparemos. Can Masdeu es solo una manera mas de hacerlo, entre muchas otras. Que el World Watch Institute nos eligiera como ejemplo de comunidad sostenible para el futuro en su informe del año 2009 mas que enorgullecernos nos preocupó… debería haber muchísimas mas instituciones en transición!

Estamos de acuerdo con que hay que seguir unas normas y unas pautas ¿pero cuales? ¿Y quien las decide? No creemos que bajo la actual dictadura de los mercados la democracia tenga la credibilidad suficiente como para hacer nuestras todas las normas que dicta, almenos aquellas diseñadas para proteger intereses de las élites. Y lo mismo vale para las normas sociales, aquellas que des de los imperativos de la moda, el consumo o la heteronormatividad nos intentan cortar a todos en el mismo patrón. Sin embargo, tanto en el valle como en las redes alternativas de las que formamos parte, tenemos normas que promueven el respeto mutuo, la cooperación y la sostenibilidad; normas flexibles nacidas del debate y el consenso entre iguales.

Por otro lado, independientemente de nuestras opiniones diversas al respeto, nosotros también acatamos muchas normas, como el pago de impuestos, tanto en los productos que compramos como con nuestro trabajo asalariado fuera del valle. Pero no por ello estamos de acuerdo con todos los usos que se derivan del dinero recaudado -gasto militar, investigación pública al servicio de intereses privados, apoyo a las multinacionales…- , como tampoco creemos que esta sea la única manera de aportar a la sociedad.

Con nuestra actividad social, no sólo no le costamos ni un duro al contribuyente, sino que rehablitamos un espacio deteriorado por varias décadas de abandono y compartimos recursos que empoderan a las personas para el cambio concreto, a través de las energías limpias y descentralizadas, la autogestión de la salud, la alimentación ecológica, la producción artesanal, los cambios en nuestras maneras de relacionarnos, la información alternativa que no encontramos en los grandes medios de comunicación, etc…

Nos parece que esta es una actitud profundamente social y que resultan mucho mas anti-sociales y anti-democráticos, por poner sólo un ejemplo, los tejemanejes de los bancos. Como bien se decía en el 15-M, no somos anti-sistema, el sistema es anti-nosotros.

Por un lado, decirte que los cambios son progresivos, y que unos llevan a otros, con lo que lo mas importante es plantear pasos concretos y realizables. También creemos que es mas viable si nos juntamos con otras personas. Todas estamos condicionadas por estructuras que limitan fuertemente nuestro margen de acción, pero si nos juntamos con mas gente y activamos el apoyo mutuo y la inteligencia colectiva se pueden hacer muchas mas cosas. En nuestro caso fue así, paso a paso, pero planteando una ruptura inicial, en este caso con la estructura de la propiedad inmobiliaria y, en el caso de algunas personas, con el trabajo que tenían en esa época… Y es que a veces es necesario reapropiarnos de las necesidades básicas que se han vuelto inaccesibles bajo la lógica del todopoderoso Mercado, cosas tan obvias como techo, tiempo, comida de calidad o aire limpio.

Si entras en un grupo ya formado, ya sea una comunidad, una asociación o una cooperativa, es probable que sientas inseguridad al principio, la duda de saber si encajarás, pero con el tiempo te darás cuenta de que da mucha fuerza poder hacer cosas en colectivo y no de manera individual. Eso si, implica un curro con nuestras propias manias, egos, costumbres, comodidades y límites…

Por supuestísimo!